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«Ningún bombero voluntario se va a morir solo»: el combate a los incendios de Argentina desde adentro

Tienen escasos recursos económicos, pero abundancia de compañerismo a la hora de apagar el fuego. ¿Cómo se organizan? ¿Por qué no cobran un salario?

A fines de septiembre un voraz incendio estaba arrasando todo a su paso, cerca de la localidad de La Cumbre, en la montañosa provincia de Córdoba (Argentina). Un civil intentó combatir las llamas personalmente, aunque la batalla era muy desigual: tras ser hallado con casi todo su cuerpo dañado, fue trasladado con urgencia al Instituto del Quemado, donde falleció al poco tiempo.

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Andrés Bosch, bombero voluntario hace más de 20 años, estuvo presente en esa triste jornada: «Eso te replantea muchas cosas», dice. No es fácil arrojarse al calor y el humo sofocante a los 41 años, siendo padre de niños pequeños y el único sostén del hogar. Pero, alguien tiene que apagar el fuego.

El entrevistado también es una de las voces fuertes en la lucha contra estos desastres ambientales, siendo coordinador del Plan Nacional de Manejo del Fuego (PNMF) en la región central argentina. Igualmente, Bosch no se refugia bajo ese cargo público para emitir directivas detrás de un escritorio sin sentir el sudor que solo te da actuar sobre el terreno.

Así, además de coordinar con las provincias la entrega de suministros, la disposición de aeronaves y el desarrollo de capacitaciones desde el Estado, Andrés se pone el uniforme plagado de adrenalina, agarra la manguera salvadora e intenta resguardar al ecosistema y las poblaciones, con sus propias manos. «Cuando el fuego crezca, quiero estar allí», dice una popular canción del rock nacional.

Héroes anónimos

Bosch es uno de los 5.000 valientes que se desempeñan en Córdoba. A nivel nacional, los héroes anónimos son 43.000: «Alrededor del 95 % de las emergencias en Argentina es cubierto por bomberos voluntarios», subraya. Se organizan bajo una coordinación propia y federal, sin seguir una línea de mando desde los organismos del Estado. Estas personas, fundamentales para controlar catástrofes, no perciben un salario y viven de otra cosa. El Ejecutivo apenas entrega un presupuesto destinado a la compra de insumos, aunque muchas veces ni siquiera alcanza para reponer los costosos materiales y las prendas necesarias, que requieren certificación y llevan fecha de vencimiento.

Ser parte de los Bomberos Voluntarios de la República Argentina requiere mucha preparación, instrucción y cursos largos, que pueden demorar varios años en los casos más especializados. Es que domar el fuego no es para cualquiera, hasta el más experto puede verse superado por la adversidad y creer que es el fin: «Pensás que te vas a morir», resume Bosch, al explicar lo que se siente durante esos contratiempos indeseables donde la vida parece consumirse.

Lo que deja el 2020

Este año ya fueron devoradas unas 770.000 hectáreas en todo el territorio nacional, según el Ministerio de Ambiente. Es decir, un espacio que triplica la superficie de un país pequeño como Luxemburgo, y que es casi tan grande como Puerto Rico. Las autoridades argentinas indican en sus habituales reportes de incendios que el 95 % de los focos se produce por negligencia humana, incluyendo la deforestación intencional. De hecho, hasta el 8 de octubre las provincias más dañadas del 2020 fueron Entre Ríos —165.200 hectáreas quemadas— y Córdoba —289.494—, dos jurisdicciones caracterizadas por el cultivo de soja, cuya siembra requiere terrenos sin bosques.

En estos meses, las imágenes de las llamas en esos territorios conmocionaron a los ambientalistas. Uno de los videos que más se viralizó en las últimas horas se correspondía a un fuerte incendio lindero a una autopista, junto a una estación para cargar combustible, cerca de la turística ciudad de Villa Carlos Paz. Los trabajadores de Shell pelearon contra el fuego hasta la llegada de los bomberos, que cuando arribaron se toparon con una enorme dificultad: «Era un predio militar, estaba lleno de proyectiles que podían detonar». De todos modos, lograron contenerlo.

A Bosch, incluso le tocó actuar en los focos del delta del río Paraná, un espacio de islas y humedales compartido por al menos tres provincias, seriamente afectado. Se trata de «incendios de tercera generación», indica, por la cantidad de factores adversos implicados, donde el viento se destaca como aliado del desastre.

«Aun con los mejores equipamientos, son muy difíciles de dominar», subraya. Además de la destrucción de la vida silvestre, importantes ciudades como Buenos Aires y Rosario se llenaron de humo, y en esta última aumentaron las consultas médicas por molestias respiratorias. No obstante, el bombero destaca que a pesar de los daños, «la situación se está manejando bastante bien», considerando la magnitud de las contingencias.

Trabajo en equipo

Al igual que muchos trabajadores sanitarios durante la pandemia, Bosch lamenta que la sociedad solo los recuerde cuando hay emergencias. «Que compartan algunos días con nosotros, para ver cómo es», invita. Es un oficio sacrificado, y poco reconocido. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, destaca el grado de compromiso y compañerismo que se genera entre los uniformados del cuartel.

Sucede que, las situaciones límite, «sacan lo mejor y lo peor de cada uno». El motivo es simple: nadie olvidaría al colega que te salva la vida. Andrés agrega que sería muy extraño encontrar a un socio que huya ante situaciones adversas, y siempre se releva al camarada que esté expuesto: «Ningún bombero va a morir solo, eso te lo puedo asegurar».

 

Fuente RT EN ESPAÑOL

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